miércoles 11 de noviembre de 2009

LA SOMBRA DE LA LUZ




Las tres y cuarto de la madrugada, mi otro cuerpo me abandona decidido y se encamina hacia calle Quimera. Él no lo sabe pero le he descubierto, y con todo disimulo.... me he convertido en su sombra. Después de dar un pequeño rodeo y saludar a todo el que encontramos por el camino inacabado nuestros pies nos llevan, cómo no, a la Taberna del Irlandés.

Cosa extraña, el Irlandés está solo y callado, como el local. Únicamente la mesa más escondida parece ocupada, es la mesa de la Esperanza dormida. Pero no, hay otra más, en absoluta penumbra, frente a la que se recorta una silueta en apariencia masculina.

- Qué pasa, Irlandés, ¿cómo llevas la noche?

- Diferente, Etinarcadia ... Diferente.

-Te noto taciturno... Venga, pon dos copas de lo que tú sabes y así nos espabilamos, ¿hace?

- Hace, pero porque eres tú. Es que en esa mesa.....

- Ya veo, tienes un cliente algo solitario, como todos los que habitualmente recalamos en tu taberna, ¿no?

- Sí, pero es que este nunca había venido por aquí, y la verdad es que tampoco lo esperaba.

-Bueno, ¿me cuentas o qué?

-Lo vi entrar con la cabeza escondida, como el que quiere pasar sin llamar. Se acercó a la barra y después de saludar cordialmente me pidió una copa de esa bebida que solo aquí se sirve. No me dio tiempo a responder su demanda...."Las noticias llegan a todas partes, incluso allí de donde vengo, y te aseguro que mi alma está muy necesitada de ese licor", me dijo. Sin dudarlo y agitado por una inquietud que nunca antes había sentido le serví de la botella que tú sabes. Le encaminé dos copas, no me preguntes por qué.

El tabernero volvió a quedar en silencio, sumido en sus propios pensamientos.

- Ya que estamos ponme otra, Irlandés... y no pares de hablar, cuenta- le urgí, impaciente.

- Después de acabar con los dos servicios tomó dos más, a lo cual no me negué a sabiendas de que no es lo aconsejable. Y después de encenderse un pitillo a lo Bogart empezó a contarme......

-No fastides, Irlandés, que me tienes en ascuas.... Cuenta. ¡Y sirve!

-Bueno, lo primero que me dijo fue su nombre...........

- ¿Y...?

- “Hacedor de Luz”, me dijo.

- ¡¡Venga yaaaaaaaaaaaaaaa....!!! ¡¡¡¡Luzbel en la taberna...!!!!

- Si te digo la verdad me fijé más en sus ojos que en el nombre que pronunciaba. Estaba jodido, Etinarcadia, de verdad. La bebida hizo efecto y empezó a hablar....

- Por Dios... Bueno, o por el Diablo, no te calles, esta noche parece que haya que sacarte cada palabra con sacacorchos.....

- "Cansado, realmente agotado me encuentro”, me dijo.... “ Me ha sido encomendada una misión divina: poner trabas a los humanos para que ellos las superen por sí mismos y así avanzar en el camino de la verdad. La libertad, vuestro principal rasgo identitario, necesita de ésta, y de la existencia de opciones que posibiliten la libre elección. Pero tabernero, me veo desbordado por la malicia e ignorancia de tu especie. Es como si no quisieran verse en el espejo de su corazón. El humano ha llegado a su límite... no cabe más mal. Ese, el mal, el que lleváis dentro, el que elegís hacer, ese es el verdadero Diablo al que tanto teméis, no yo. Yo solo soy Luzbel, condenado a ser el antagonista eterno, la sombra de la luz. Nunca fui el enemigo que los hombres han querido hacer de mí, me han hecho cargar con una cruz que en realidad es la suya propia, y me han crucificado en ella, como a Cristo. No deja de tener gracia la paradoja, ¿verdad...? Como a Cristo.... Crucifican todo lo que no entienden, todo lo que no quieren oír... Su esfuerzo y el mío han sido en vano. Eones luchando por un ideal para nada. Mañana lo intentaré de nuevo, pero ahora ponme otra copa, por favor".

No supe muy bien qué responder a eso, ni al silencio del Irlandés. Miré la solitaria figura que se encorvaba ante la mesa en penumbras...

- Pon a enfriar otra botella, que a esa invito yo. Voy a sentarme con él, yo sí quiero oír...

viernes 30 de octubre de 2009

LA PROFUNDA DEVOCIÓN DE VERÓNICA


La profunda devoción de la Verónica de “La profunda devoción de Verónica”, la fotografía de Saudek que encabeza este post, no tiene nada de religiosa. Es una devoción profunda, sí, pero carnal, intensamente carnal, el lado ambiguo del amor, del deseo, rayano incluso en las fantasías más oscuras, en ese aspecto quizás perverso y transgresor que es la sumisión.

El brazo masculino moreno, musculado y nervudo que desciende por el ángulo superior derecho de la imagen no puede menos que recordar al de Dios en “La creación de Adán”, una de las escenas del Génesis pintada por Miguel Ángel en la bóveda de la Capilla Sixtina. En ella, el Padre extiende un dedo hacia su criatura para insuflarle vida, el más bello acto de amor que puede concebirse. Sirve de eje a la composición la línea horizontal, sobre la que reposan las manos que se acercan, una para dar la vida, la otra para recibirla, las manos de dos seres que a pesar de sus tan diferentes condiciones, humana el uno, divina el otro, se encuentran en este momento tan trascendental en un mismo plano figurativo, como una metáfora del versículo 26 del Génesis I: Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza …


Sin embargo, es la línea diagonal la que vertebra la composición de Saudek, una diagonal perfecta formada por la figura de la mujer , frágil, delicada, entregada, y la del brazo masculino, fuerte, nervudo, urgiendo la entrega, diagonal que sitúa a ambos personajes en distintos niveles : él en un plano superior, ella inferior, recortados contra ese fondo de pared descascarillada y mohosa de sótano húmedo, ruinoso y comido de miseria que fue durante años tan protagonista o más de la obra de Saudek que sus mismos personajes. No es un acto de amor desinteresado y generoso el que se desarrolla ante nuestros ojos, como el que pintara Miguel Ángel, aquí no se extiende un dedo para insuflar vida, sino la mano para exigirla y arrancarla en el momento de ser besada. El brazo cae como un rayo que, siendo oscuro, paradójicamente ilumina el rostro de Verónica, transportado por un arrobo casi místico, los ojos cerrados, como cerrando asimismo con sus párpados cualquier posible ventana al mundo por donde pudiera escapar algo de sí misma. Parece concentrar cuanto es y cuanto siente, y expelerlo por su boca dejándolo salir en el aliento que acompaña al beso, depositando sumisamente no solo su vida, sino también su alma en la piel del hombre hecho dios.

El estatismo del rostro femenino casi sumido en el éxtasis contrasta con el dinamismo agazapado en un cuerpo erguido, tensionado, apenas aposentado sobre el filo de la banqueta. Dispuesto, como sugiere la posición de las manos sobre sus muslos, a saltar de ella a la menor indicación del dueño de la mano que besa. No acaba aquí la poética del contraste que acentúa el contenido emocional de la fotografía. Si la desnudez intenta despojar al hombre de su continua vergüenza , librarlo del obstáculo moral para permitir que aflore su humanidad desnuda y descalza, es precisamente ese delgado vestido, cursi y hasta kitsch como casi todo Saudek, el que resalta a través de sus transparencias la sensualidad y el erotismo del cuerpo que trasluce, su mansa, suave y casi virginal femineidad, subrayada por el moño bajo en que la mujer recoge su larga cabellera. Ese vestido no cubre nada, lo muestra todo, pero envuelve como papel celeste de celofán el regalo que Verónica hace de sí misma, de su alma exhalada en el éxtasis del beso a la mano masculina, de su sexo velado por gasas que no disfrazan su “olor a muerte” sino que la prometen, esa muerte en que uno muere cada vez que se entrega carnalmente a otro.

Este trabajo de Saudek quizás sea la excepción que confirma la regla que el escritor y semiólogo Roland Barthes aplicaba a la fotografía, de la que afirmaba que al consistir en un conjunto desordenado de signos no codificados , creaba un problema semiótico: una especie de “crisis comunicativa”. “La profunda devoción de Verónica” bordea y trasciende esa dificultad para mostrar sin ningún tipo de interferencia comunicativa una sexualidad descarnada, potente , simbolizada en una posición de poder junto a otra de sumisión, una sexualidad gruesa, de sal gorda refinada en una imagen de aparente delicadeza, gracilidad y casi candor , sin recurrir esta vez a un erotismo de reminiscencias medievales un tanto vulgares, groseras, como en otras ocasiones hace este fotógrafo.

jueves 29 de octubre de 2009

Y SIN EMBARGO, ESPERANZA



Se hilvanan las últimas sombras nocturnas

con las que anteceden al alba,

y un día sucede sin apenas frontera a otro día,

en un continuo implacable donde

se amasijan, informes, la noche y la madrugada,

la jornada de ayer, la de hoy y la de mañana,

que desvivo a empujones de autómata inercia,

de tenaz apatía...

El ruido de las máquinas de mi fábrica se confunde

en infernal y oscura mezcolanza

con el del reloj que ejecuta las horas, los meses, los años,

con el sonido del corazón, que ejecuta mi vida...

Hasta mi prisión de plazos, facturas,

de cansancio infinito que nunca se acaba,

llega el vago olor de la apenas vida que me alcanza,

el eco lejano de las risas de mis hijos,

los recuerdos de lo que no he vivido...

En la sala de espera, los libros que quiero leer,

los poemas que mi mente sólo alcanzó a pergeñar,

la tarde de miércoles de cine y palomitas,

ese viaje que siempre dejo para mejor ocasión...

Lo único cierto, el crujir de mis días arrugados y tirados

a la papelera, como periódicos viejos.

Seis de la mañana. Como Lázaro, levántate y anda...

Pero siempre... siempre, resiste la esperanza.

sábado 17 de octubre de 2009

NUBLADOS





Hoy el cielo está nublado, y sí, otra vez suenan LOS DELTONOS, más en mi estómago que en el aire que me envuelve. Este blues sabe a humo profano y alcohol, a ese humo y ese alcohol que me prohíben los médicos, pero de los que, rebelde, la música me llena los pulmones y el hígado. Le doy la vuelta al disco y allí están otra vez: la rabia y la impotencia de una persona que se cree igual, pero que se sabe diferente cuando sus ojos se clavan en el cielo y se quedan a solas la larga noche y él.


Por eso no voy a escribir hermosas palabras, palabras doradas, no añadiré más polvos y afeites a la publicidad, a los des-informativos y todo aquello con que se maquilla hasta la náusea la realidad, esa ramera... Se acabó, no creo que baste con sonrisas, apretones de mano, besos y abrazos, virtuales o no, ya es hora de gritar que no somos imbéciles. ¿O me equivoco....? No sé... Para ser sincero, lo que me piden ahora mismo el blues, los pulmones y el hígado son masturbaciones esotéricas, que mi Kundalini no consigue transmutar en esencia de vida. Creo que últimamente se me va la cabeza y casi que me gusta...


Y blues, estómago e hígado me piden pasear despacito por Quimera... Me gusta hacerlo, la amo como amo a Dios, o a Avalon, como amo la Taberna del Irlandés, todo lo que conforma esta Calle, como amo tomar una copa o más con mis compañeros de mesa y barra. De todos ellos, solo el pirata tuerto me mirará mal, con ese ojo que no tiene. Me gusta esta Calle porque no es solo mía, es de todos los que la transitan, porque está llena de palabras que me acompañan en mis noches de luna llena, y sin palabras no somos nada. Y si me dejaran pedir un deseo, lo tengo claro........ cuando se jubile el Irlandés, que me traspase la taberna.


Nos vemos, pues, siempre que os apetezca gritar al viento. Brindaremos con buen vino, ese que trae Antifaz, y cuando suene la música soñaremos juntos en un despertar lleno de sueños. SALUD¡¡¡¡¡¡¡¡¡




miércoles 30 de septiembre de 2009

NOCTURNO


En la noche acurrucada, dormida, durante el sueño, sueñan los sueños que son lo único que tienen vida sobre la tierra,

Cuando te duermes
para su rueda el mundo.
Mi amor te acuna.
Entro en tu alma desnuda
para velar tu sueño.

sueñan los sueños que ríen y que aman,

No es la rana
la canción de la charca,
luna de agosto.
Ni tormenta de estío.
Es mi risa, y mi dama.

sueñan que cantan y que bailan, que escriben versos y que hasta hacen el amor con su dueño.

Las jacarandas
secas y abandonadas
bailan conmigo
bajo hilos de agua.
Saciamos la sed de amor.

La noche nunca niega nada, es un sí perpetuo a deseos y quimeras -incluso a delirios- que la eterna Penélope que somos todos teje bajo el ojo blanco de la luna, hasta que el avance del día se encarga de destejerlos. Pero mientras aún apenas despunta la mañana, sueñan los sueños que no eran un sueño, y que despiertan para siempre.

miércoles 16 de septiembre de 2009

DESDE LA TERRAZA



Las últimas luces del día van oscureciendo el celeste del cielo,

contra el que se recorta la cinta parda de las descarnadas montañas.

Altas, rudas, acogen sin embargo tiernamente

en su regazo las casitas blancas de un pueblo blanco.

Una brisa infantil de lejanas reminiscencias a salitre marino

juega a dar empujones a las pacientes ramas de árboles

que, en espeso muro, sobre la hierba

que alfombra la tierra lisa, se yerguen en verde.

Verdes las jóvenes palmeras, verdes los naranjos niños,

verde la grama pespunteada por caminos de losas blancas,

hundidas pisadas que conducen a dos estanques,

el uno trebolado, el otro redondito ,

que azulan frescas aguas claras, transparentes, temblorosas.

Las sombras de los árboles, de los bancos que puntean la hierba,

se van alargando lentamente, ganando camino entre el verde.

Los últimos rayos del sol coquillean la piel, casi caldeándola aún,

y el aire, celoso, la acaricia aladamente y la besa.

Sereno silencio, infinita y traslúcida calma

se extienden como yedra. Una sonrisa lejana se esconde en ella.

Huele a verde de la hierba, a frescor del agua,

a soledad... Y a prometidas estrellas y luna

con carita de niña, de niña de plata,

que abrirán las puertas de la noche al canto del grillo,

y a la poesía de las cosas...

sábado 18 de julio de 2009

RIEN DE PLUS




Siento el crepúsculo en mis manos. Llega a través del laurel enfermo.
Yo no quiero pensar ni ser amado ni ser feliz ni recordar.
Sólo quiero sentir esta luz en mis manos
y desconocer todos los rostros y que las canciones dejen de pesar en mi corazón
y que los pájaros pasen ante mis ojos y yo no advierta que se han ido.

Antonio Gamoneda



Mis sueños ya están en un sobre, mañana te los enviaré.
Acabo de meter en él el último que me quedaba.
Rien de plus. No va más.
Cuando los recibas pensarás que estoy muerto,
como todos los que entierran la última ilusión.
Por eso, una ducha fría te recordará que también estás muerta tú.
Tú, ya azul, sin voz, aguas transparentes donde arden azucenas blancas.
Ahora en tus ojos hay noche y una rosa de niebla
que exhalan el perfume de la nada.
Son la misma noche, rosa y perfume que empiezan a ocupar ahora los míos.
Recuérdame en las horas frías del amanecer,
recuerda el tiempo que viví, morí y sané en tus ojos,
el tiempo en que tenía nombre, y ese nombre sobrevivió inviernos.
Afinaré las cuerdas de una guitarra,
esperando al humo azul que anuncia la llegada que espero.
Y mientras, mi boca fría cantará aquella canción que tantas veces te oí.
Antes no era capaz de identificarla, ahora sé que era un blues.
CALLE QUIMERA